Creo que nació un 25 de octubre de 1928. En Heredia, y me gusta imaginar que era una tarde lluviosa. Su infancia pasó sin penas ni glorias, como cualquier niño normal de una familia humilde luchando por el pan. Su padre, desaparecido, todos sabían quién era, pero fue más fácil ignorarlo. Mientras sus hermanastros gozaban del lujo en todos los aspectos, él, su madre y su hermana trataban de sobrevivir. Creo que esto hizo de él un luchador.
Siempre rebelde, mal portado y travieso. Sus manos y piernas llenos de cicatrices, recuerdos de miles de aventuras.
Mecánico de presición su carrera, joyería su trabajo y pintura su pasión. Nunca logró centrarse en una sola cosa y tener dirección, un poco como yo.
Decía malas palabras con una gran facilidad, se cagaba en San Pedro cada vez que se perdía o algo salía mal. Con un carácter de las mil putas, si se le subía el apellido las cosas volaban y los perros terminaban pateados si no corrían a tiempo.
La luz de sus ojos dicen, creo que así fue, espero que así haya sido. Mis recuerdos son muy vagos, más que nada ayudados de fotografías e historias. No teníamos mucho tiempo juntos y sí muchos bloqueos mentales. Las voces todas tienen una opinión diferente de él. Mi propia opinión esta un poco distorsionada, yo lo sé, pero así es como me gusta, exaltada e idealizada.
Fue su mano la que me sujetó durante mi primer día en esta vida, haciendo muecas de alegría en su cara quedó grabada nuestra primera ilustración. Con cuentos de miedo y leyendas me cerraba los ojos en las noches y con nancites, sapos y alacranes llenaba nuestros tiempos libres en el calor de la finca.
Trató toda su vida de enseñarme a pintar, no hace falta decir que nunca lo logró, así como tampoco logró que fuéramos más unidos o que le contara todas mis cosas.
Muchas fallas tuvo, millones, como todos. Terco como una mula y cerrado como un bombillo, hoy creo que hay muchas cosas que pudo cambiar.
Como dije, idealizado está, perfecto es y será, sin importar lo que haya pasado en realidad.
Lloré el domingo, lloro hoy y lloraré pasado mañana, por que se me hace todavía imposible asimilarlo.
A veces pienso que lo voy a ver en Plaza del Sol, esperándome, con su guayabera, sus tennis de tercera y su renco caminar. Luego recuerdo que yo estuve ahí para escuchar su último respiro, que lo tomé de las manos y le cerré sus ojos grises como el cielo de mis días nublados.
Esto fue hace ya casi 4 años, pero si cierro los ojos, parece que fue ayer, y me atormenta en mis pesadillas.
Nunca lo voy a superar, no... Esas cosas nunca se superan
junio 11, 2008
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4 comentarios:
Aliiiiiiiiiiiiiiii se me hizo un nudo en la garganta
Divino tu post, exactamente así se siente la ausenca de los que queremos..justo para el día de mis padres me cayó como anillo al dedo leer eso, gracias!
Cuando murio mi abuela, Mi abuelo decia ustedes no saben lo que se siente, no saben...
Estas son cosas personales en las que uno no debe meterse, pero yo creo, que si se superan, lo que que pasa es que nunca se olvidan, y el dolor, solo el que lo siente sabe cuanto duele.
Linda descripcion, toda una imagen hecha de letras. Saludos
Increible Alina :D Exc post... algo asi me pasa a mi con la gente que ya se fue. Uno deveria tener un "playback" en la cabeza que pudiera uno proyectar a una pared en blanco para nunca dejar ir los colores y los matices que se ponen grises con el tiempo.
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